PEDRO REBOLLO, UN BUEN AMIGO


Ayer nos dejó para siempre Pedro Rebollo, un gran actor, un buen amigo. Aunque sea en algún modo pretencioso para mí pronunciar estas últimas dos palabras “buen amigo” ya que no siento que deba atribuirme el honor de ser para nadie yo tan importante. Pero hay algunas veces – como ésta – en que no puedo evitar pronunciarlas, porque es lo que siento en mi corazón, al margen de cuánto tiempo haya pasado yo en compañía de esa persona por la que expreso mi sentimiento de este modo. El tiempo transcurrido junto a alguien y el hecho de la amistad no guardan en mi entender de la vida, ni en mi modo de ser, consonancia alguna. Y el caso es que sí, siempre he sentido por Pedro una gran amistad aunque nuestros encuentros a lo largo de tantos años desde que nos conocemos hayan sido siempre fortuitos. Pero eso sí, cada vez que se produjeron nos quedamos quietos mirándonos a los ojos y contándonos las cosas que importan en la vida. Y nos dejamos sentir el amor por este camino elegido del arte, tan difícil (sobre todo cuando se camina de un modo libre) y maravilloso, él en el teatro y yo en la música. Y nos dejamos sentir el amor por la vida y por nuestras personas más queridas y la fortuna, sí, la fortuna de estar en este mundo cada día, nosotros, pertenecientes a una generación en la que desde muy jóvenes tuvimos que convivir con tantas pérdidas de personas con la que nos unía amistad y en muchas casos ilusiones compartidas, tanto por juventud como por profesión en muchos casos.


Ayer al enterarme de la noticia de su marcha salí a mi balcón donde comenzaba a llegar el sol de soslayo, regresando sus rayos desde el mismo lugar en que se marchó hace unas semanas. El sentimiento que yo albergaba era el de un puñetazo en el alma. Pero de repente bajo ese mismo sol reflejado en la fachada blanca apareció una mariposa revoloteando en torno a mí, grande, bella, con tonalidades anaranjadas y algunas líneas negras, hasta que finalmente terminó posándose estirando sus alas ahí mismo. Si hubiera alargado mi mano y la mariposa hubiera tenido a bien quedarse quieta la hubiera podido acariciar. Y ahí estuvo un rato, ahí al lado, al sol, mientras mi pensamiento volaba irremediablemente hasta mi amigo estableciéndose una magia irremediable, un instante símbolo del alma libre, frágil y a su vez enormemente fuerte, capaz de sobrevivir fuera de lugar, fuera de tiempo, un ejemplar raro, único, mariposa en pleno invierno, como él.


Ayer lo sentí, y hoy lo pienso: No tengo ninguna duda de que todos los que han tenido en su vida la oportunidad de compartir algo de tiempo con el grandísimo actor Pedro Rebollo, por poco que haya sido, habrán sentido como yo al enterarnos de su partida una enorme tristeza, porque él era, él es, lo más importante que se puede ser en esta vida, un hombre bueno.


Todo mi cariño para su familia, amigos y en especial para su hija. Desde hace ya bastantes años el apartado más importante de nuestras conversaciones fue el dedicado a nuestros hijos. Siempre lo más importante era, es, el amor.


Mariano Casanova

31 de diciembre de 2021

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