DEEP PURPLE "Ventanas"


Portada Made in Japan

Cuarto día. Cuarto disco entre los que me han formado como persona a lo largo de mi vida. Que eso es lo que estoy tratando de hacer con esta selección. Toda mi vida desde muy niño la he dedicado a la música así que mi vida entera se podría resumir en forma de discos. Es una tarea muy complicada seleccionar entre los miles de discos que pondría aquí. Estoy tratando de hacerlo y además en orden cronológico más o menos. Y este “Made in Japan” de Deep Purple es la esencia de aquellos días desde el despertar en el final de la infancia hasta muchos años después.

Cómo no, éste también lo queríamos tocar y lo tocamos con nuestro primer grupo Zen. Pero no sé por qué lo tengo asociado a una ventana que abrió nuestros ojos y nuestros oídos al paraíso, o a paraísos prohibidos mejor dicho. Era la ventana de un par de norteamericanos que vivían en una de las parcelas de nuestro barrio. La Jota en aquellos años infantiles de los 60 y 70 más que un barrio era un pequeño pueblito de casas bajas rodeado de campos. Allí vivían muchos americanos, les encantaba el barrio de parcelas con un pequeño huerto o corral y entre los vecinos había un sentimiento hacia ellos de simpatía y acogimiento general.

Un día mi vecino Alberto y yo - todavía en pantalones cortos - descubrimos una ventana de una parcela donde un par de norteamericanos habían venido a vivir, no se trataba de una familia de las que habitualmente se instalaban en el barrio procedentes de la base, sino que eran un par de jóvenes con el pelo largo, uno rubio y otro moreno, totalmente hippies. Sentíamos una irresistible atracción por asomarnos de nariz para arriba a esa ventana de la calle Felisa Galé esquina con nuestra calle de Los Caracoles. Casi siempre estaba abierta, ahí tenían colgados posters fosforescentes, sicodélicos y siempre sonaba música, esa música que nos tenía completamente fascinados y nos atraía cada día hasta atraparnos como moscas en una tela de araña. Esa era la ventana a un mundo misterioso que sentíamos mucho más nuestro que nada de lo que habíamos visto y escuchado hasta entonces.

Nunca entendí cuando años después todo el mundo quería expulsar a los norteamericanos de nuestro país, y mucho menos ese sentimiento antiamericano existente que parecía imprescindible si se pretendía ser alguien enrollado, aún hoy no lo entiendo y me parece completamente pacato. Ellos tenían la libertad y el Rock and Roll, ellos tenían a Jimi Hendrix y a Janis Joplin y a Elvis Presley y este disco - aunque británico - y en especial las canciones “Child in Time” y “Lazy” siempre sonaban en esa ventana mágica hacia lo desconocido. Nadie ha gritado ni gritará nunca como lo hizo Ian Gillan en este disco. Ese grito que nos hacía sentir libres desde el interior de cada una de nuestras células y nos decía que nada ni nadie en adelante nos podría parar.

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