RESPETO


Acabo de escuchar una canción que hacía muchos años que no escuchaba, muchos. Es una canción del grupo Génesis que me hace viajar a un tiempo que compartí con una serie de personas de Zaragoza que fueron muy importantes para mí, a los que quise mucho, quiero y siempre querré. Yo me acababa de ir a vivir solo a mis 20 años cuando aparecieron en mi vida por fortuna. Era un grupo de gente que yo hasta entonces veía como a años luz, gente que era un referente para mí y que eran, son y serán siempre los verdaderos pioneros en mi tierra del buen saber hacer en la música, de la profesionalidad, de la dedicación, de la responsabilidad, de la seriedad y del respeto a esta sagrada labor. Ellos eran los únicos comparables a aquellos grandes músicos lejanos que sentíamos como de otra dimensión. Sin duda antes había habido grandes artistas en mi tierra pero ellos llegaron haciéndonos ver a los que comenzábamos a dedicarnos a esto que era posible ser de Zaragoza y acceder a ese universo lejano que ansiábamos en nuestros jóvenes sueños.

Yo les escuché por primera vez cuando formaban parte de un grupo llamado Micky Mouse, seguramente una formación de mi tierra que hoy excepto entre la gente de mi edad o mayores que yo se desconoce por completo. Y en el núcleo de aquél grupo estaban los hermanos Peralta, Chema Peralta en la guitarra y Pedro en la batería. Yo desde bien chaval acudí a verles tocar cada vez que me enteraba de un concierto suyo con ésta u otra formación de las muchas donde estuvieron. Verles me daba ganas de vivir y de seguir por esta senda de la música a la que hoy puedo decir que he dedicado toda mi vida. Ellos fueron fundamentales para mí, para mis ilusiones, para sacar fuerzas cada vez que la adversidad de este mundo de la música llamaba a mi puerta y puedo decir que también significaron mucho para el resto de mis compañeros con los que formé Distrito 14 en sus primeros años. Los hermanos Peralta siempre han estado ahí apuntalando las ilusiones de generaciones de músicos zaragozanos, entonces lo hicieron desde el escenario y años después y hasta ahora como profesores de música y maestros de la vida, me atrevería a decir yo, o al menos eso es lo que han significado siempre para mí.

Ayer tras el funeral vi a Pablo, Pablito, a quien conocí siendo él un niño de seis o siete años. Hoy ya es un gran hombre hecho y derecho y un gran músico como su padre Chema y su tío Pedro cuyo cuerpo en el interior de su ataúd había estado hasta hacía unos instantes frente a él, en el altar, a tan solo un par de metros y que había sido trasladado mientras desde los altavoces de la capilla sonaba justo ésta canción que yo acabo de escuchar ahora. Ésta era una canción que Chema desde el púlpito invitó a todos los presentes a escuchar, una canción para el recuerdo de Pedro con quien tantas veces la había tocado. Un recuerdo para Pedro Peralta, el mejor batería que yo he visto de cuantos he visto tocar en el mundo a lo largo de mi vida. Como dijo Chema: En el escenario tocar con él te elevaba, apenas se le veía tras los hierros, timbales y platos pero se notaba que estaba, porque nadie era capaz de tocar como él, desde ahí atrás, humilde siempre y casi sin ser visto, del mismo modo que fue en la vida, siempre en su mundo y en su estudio constante de la batería.

Solo pude tocar con Pedro en dos ocasiones que nunca olvidaré. Fue para suplir a nuestro batería Iñaki en Distrito 14 durante unas semanas en que nos causó baja. Pero si alguna vez me quedé definitivamente sin batería y le llamé siempre tuve un no por respuesta que entendí perfectamente ya que su dedicación a la enseñanza de la batería era plena y entendible su negativa a formar parte de un grupo excepto en el principio de su carrera. Así era su vida, en su mayor parte lejos del espectáculo en directo aunque haya habido generaciones de baterías en Zaragoza que hayan tenido la inmensa fortuna de tenerle como maestro. Pero yo siempre le comprendí, siempre comprendo la contradicción como algo natural y normal, porque seguramente la contradicción no es tal y tan solo es según el color con el que se mire.

Todavía guardo un cassette que Pedro me grabó con un disco que acababa de salir y a él le tenía enamorado. Un día me lo puso para que lo escuchara y me gustó tanto que en un par de días dada su gran generosidad ya me lo había grabado y regalado. Ese disco que ya desde entonces siempre me ha acompañado era el de un grupo llamado Dalis Car formado para la ocasión con Peter Murphy en la voz junto al bajista de Japan. Ese disco que tantísimo me gusta y tantísimo le gustaba a Pedro no tenía batería y estaba grabado con una caja de ritmos. Y eso era normal para Pedro Peralta, un batería sin prejuicios, el mejor batería del mundo, al que no tengo ninguna duda que hubiera llamado el mismísimo Miles Davis para pedirle que formara parte de su banda si en alguna ocasión le hubiera podido escuchar. Aunque a saber quién llegó a llamar a Pedro y a quién le dijo que no, ya que dada su humildad seguro que de ello nada jamás se haya sabido.

Yo nunca le pregunté si le gustaba mi música por si acaso. Chema y Pedro son dos personas ante las que siempre me sentí – a pesar de su amistad - muy pequeño musicalmente hablando. Y creo que siempre me ha importado muchísimo si a ellos y al gran grupo de amigos que formamos en aquella época les ha gustado el trabajo que he ido haciendo a lo largo de mi vida. Hace muchos años que apenas nos vemos, la vida y sin duda mi tendencia eremita ha hecho que solo nos hayamos encontrado muy de vez en cuando y jamás se me ha ocurrido preguntar a nadie de “entonces” si le gusta alguna canción hecha por mí, porque prefiero no saberlo, porque sé que cada disco tan sólo es un peldaño, un aprendizaje, una parte más en el camino hacia la consecución de ese último disco que uno lleva en el alma y que nunca llegará a ser completado, o al menos en mi caso sé que eso es así y quiero que sea así. Prefiero seguir siempre aprendiendo, como Pedro, como Chema, a quienes siempre admiré al igual que a aquellos grandes artistas a quienes admiramos juntos en largas veladas de música hasta el amanecer entre amigos.

Ayer abracé a Pablo allí sentado en ese instante fugaz en el banco de la iglesia y creo que pude transmitirle a duras penas mi cariño porque él estaba realmente enfadado mientras me decía casi a voz en grito que esa canción de Génesis que él había puesto en la capilla para honrar a su tío estaba “sonando como el culo”. Ahí estaba el niño que yo conocí, ahí estaba ayer, muchos años después, sumido en un enorme dolor por la pérdida y cagándose en todo por no haber traído un equipo en condiciones para que todo sonara como es debido y por haber confiado en esos altavoces de mierda. Ese es mi Pablito, la saga continúa, esos son mis Peralta, así son mis amigos, así es la música y así es el respeto.

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