Bienvenido al New Orleans


Conocí el New Orleans en los tiempos en que empezábamos con el grupo Distrito 14 en 1982, o en los principios de 1983. Fue llegar para quedarnos, aquél bar fue el mejor que he conocido en mi vida. Aquellos del New Orleans eran momentos del gran despertar al mundo para mí: 18 años y un grupo de rock and roll, el sueño que había tenido cada día de mi vida desde niño; además una pandilla de buenos amigos que compartían nuestras mismas ilusiones y por si esto fuera poco, un montón de público que nos seguía con fervor desde nuestras primeras actuaciones. Nuestras canciones estaban llenas de una energía, de una intensidad que arrastraba emociones y conectaba con el sentir de muchos que veían en nosotros algo nuevo y bueno.

Esta tarde he doblado la misma esquina de entonces, he entrado en la calle, me he parado y he vuelto atrás para rehacer mis pasos una vez más, fijándome en todos los detalles: Sí, la misma luz, el sentimiento ha sido intenso, otra vez allí. No sabía muy bien si seguir, el New ya no está, hay en su lugar un club de heavy metal totalmente cerrado al exterior, una puerta cerrada, un cartel pequeño, una pared donde se intuye apenas – si lo sabes - que alguna vez existió ahí mismo un ventanal. Y nada más.

La emoción que he sentido al acercarme por la acera “de siempre” es difícil de describir: Casi un mareo, casi dificultad para fijar la vista, pero poco a poco y tratando de no perderme ni un detalle he llegado hasta allí. He rozado con las yemas de mis dedos la pared vacía, me he situado donde tantas veces estuve; he mirado hacia un lado y hacia el otro, como entonces, la calle está prácticamente igual: Cada día era un descubrimiento, un anhelo, una búsqueda, una emoción. Ahí conocí a algunos de mis mejores amigos. Aprendí tanto de ellos, en ese mismo lugar donde ahora solo había silencio.

He cruzado de acera - apenas a tres o cuatro metros - y me he apoyado en la pared de enfrente a observar: Cuando regresamos en 1984 de nuestra primera vez fuera de España con Distrito 14 el New es el primer lugar a donde fuimos. Cómo olvidar el día aquél del regreso tras ir a grabar nuestro primer disco a Alemania. En aquellos tiempos eso parecía no un sueño sino un imposible. Y esa ilusión se contagió a todos. Distrito 14 era más que un grupo, era pura energía, era un sentimiento compartido con muchos que vivían junto a nosotros la historia increíble de aquellos años.

Y aquellas canciones eran de verdad, sí, absolutamente. Y es por eso que al poco tiempo de ser “grabadas para siempre” dejaron de ser defendibles para mí, porque la verdad estaba cambiando en mi interior a una velocidad de vértigo: Fue en aquellos tiempos después de cuarenta días de grabación en Alemania y tras aquél primer regreso cuando sentí claramente que un mundo diferente que llevaba mucho tiempo buscando existía de verdad. Y no pude evitar ir a su encuentro, lo mismo que un insecto ante una luz, a pesar de tener que lanzarme al vacío y perder todo lo que había construido durante años difíciles peldaño a peldaño y con gran dolor en muchas ocasiones. Tenía rabia, mucha rabia dentro de mí y así era mi música, me comía el mundo a dentelladas si hacía falta, en aquellos años no había nada que se me pusiera por delante, no había nada ni nadie que tuviera más fuerza que yo. Era arrogante con causa, implacable hasta el extremo si se trataba de defender aquello que yo creía de verdad hasta el tuétano.

Hasta que a mi regreso, de repente, sentí que la persona que había sido yo hasta entonces ya no me servía y que por tanto tampoco servía ya mi voz; que era necesario retirarme en lo oscuro, hasta desaparecer y dejar atrás esa vida anterior, abandonarlo todo, dejarlo todo y comenzar desde el principio, otra vez, sin disco, sin nada. Sentí que había algo en mi interior que pugnaba por salir y ese algo era más poderoso, mucho más poderoso que yo. Tenía que seguir mi camino, aunque a partir de ese momento tenía que ser sin grupo, sin público, sin amigos, sin familia, sin New, sin dinero, sin nada, sin nadie, solo yo ante el comienzo de una nueva vida, solo como un ermitaño, en una cueva profunda. Tenía que aprender, tenía que encontrar mi nueva voz y esa era la única manera. Y ni siquiera di una oportunidad a la voz que me había acompañado y crecido conmigo a lo largo del camino hasta ese mismo momento, ni una sola oportunidad.

Como olvidar ahora que estoy aquí enfrente recién llegado de mi primera gira alrededor del mundo, tantos años después, aquél emocionante regreso de Alemania hace ahora 33 años: Fue llegar a casa, dejar corriendo las maletas e instrumentos y venir hasta el New a celebrar el que iba a ser nuestro primer disco. Recuerdo como si fuera hoy el sentimiento y las imágenes de aquél día paso a paso desde el barrio hasta aquí.

Nunca llegamos a editar aquélla grabación alemana que puedo afirmar que fue hecha con la mayor verdad del mundo. Juro que aquél disco fue magnífico, pero se hizo pasado antes de llegar al presente, al menos para mí. Y lamento que las esperanzas, sueños e ilusiones que en él fueron depositadas por tanta gente no pudieran llevarse a cabo, lo siento sobre todo por mis compañeros de grupo, pero también por aquellos buenísimos amigos que nos acompañaron, nos ayudaron y nos dieron lo mejor de sí mismos en aquellos días. Pero no pude continuar por ese camino, lo siento, no pude.

Y hoy, después de tantos años, la casualidad me ha traído una vez más hasta aquí: He seguido un atardecer, un rayo de sol que se colaba tras una calle y un sentimiento repentino e inexplicable que me ha llevado caminando sin rumbo de un lado a otro, hasta llegar a la misma luz y la misma esquina de entonces. Quizá no esté ya lejos de encontrar mi voz definitiva, no lo sé y no quiero saberlo. En todo caso, hasta aquí y no a otro sitio me ha traído hoy el imán de este nuevo regreso. Y no me habéis visto, a pesar de estar enfrente vuestro: Os he estado observando, os he visto con vuestros rostros para siempre jóvenes, con vuestras ropas de costumbre, vuestros mismos gestos, vuestros ojos iluminados o vuestras pupilas lejanas. Y he sentido con fuerza vuestros anhelos e ilusiones, con verdad, pareciendo que no hubiera transcurrido un solo día desde entonces. Os he visto, amigos y algunos conocidos, frente a mí, bajo el toldo, sentados o de pie, entrando y saliendo y hablando, he oído vuestras voces ¡Diosss! Mientras en la calle sonaba a través de la puerta abierta “Waiting´ for the Bus” y seguida “Jesus Just Left Chicago” de ZZ Top, del disco “Tres Hombres”: Imposible no emocionarse al escuchar la transición entre esas dos canciones una vez más. Y a continuación “Beer Drinkers & Hell Raisers” y las siguientes, una tras otra hasta que llegaba “La Grange” ¡Buahhhhh!!! Y qué decir del álbum “Río Grande Mud”… Quienes estuvimos allí no necesitamos más explicaciones… Si alguien que vivió esto en el New lee estas líneas... Y ahora estaba ahí yo otra vez.

O no me veíais o hacíais como que no me veíais y yo solo ahí enfrente, observando y observando atónito hasta que ya no he podido seguir mirando porque mis ojos se han inundado de lágrimas de repente al darme cuenta de quienes erais justo los que estabais hoy ahí. Y entonces he escuchado unas palabras - aunque a ninguno os las he visto pronunciar - y un fuerte sentimiento casi ha barrido en ese momento mi mente de un golpe; ha sido como una gran subida de presión en mis sienes hasta casi perder el equilibrio y un llenarse mi pecho hasta el límite, como si fuera a desmayarme en ese momento o como si una corriente tirara de la tapa de mis sesos hacia arriba, hasta hacerme flotar, hasta que sin saber cómo en mitad de ese … cómo llamarle… En mitad de ese “flash” en el que no ha existido ninguna oportunidad de nada, ni de sentir temor, han brotado de mi interior unas palabras que tampoco he podido pronunciar yo de viva voz: “Gracias amigos míos, gracias por traerme hoy hasta aquí, gracias. No sabéis como os agradezco vuestra bienvenida a casa, una vez más”.

Y limpiándome los ojos, con las luces de la noche, me he marchado sin volver la vista atrás.

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