MI SEGUNDA CASA


En el colegio había unas cuantas frases que se decían a menudo por parte de los profesores y que eran una especie de lemas que por repetidos, ya ves, hasta hoy permanecen en mi memoria frescos como el primer día. Así a bote pronto me viene ese de que no hay que confundir libertad con libertinaje y yo me preguntaba sobre todo que qué sería eso del libertinaje, yo quería en realidad saber y probar qué eran las dos cosas, porque de ninguna de las dos había trazas en aquellos tiempos. Y otro dicho en el que insistían e insistían era ese de que el colegio era tu segunda casa. Y una mierda, con las hostias que nos pegaban. Y eso que por lo visto mi colegio era de los más enrollados. Pero recuerdo bien a unos cuantos sádicos que disfrutaban y mucho aterrorizando a sus alumnos y golpeándolos por puro gusto, entre esos alumnos estaba yo. Dios, el suyo, tenga en su gloria a esos mal llamados profesores y si alguno de ellos vive aún pues en fin, no le deseo mal a nadie, bastante tendrán con vivir y haber vivido dentro de su propia cabeza. Pero viene a mi recuerdo este segundo lema del colegio ahora, porque aquí os muestro en esta foto cuál ha sido y es mi segunda casa, la de verdad, y es ni más ni menos que este coche en el que he vivido una buena parte de mi vida.

Desde hace 22 años lo tenemos. Ha sido el coche familiar y ha sido además de mi segunda casa, mi estudio de grabación, mi burbuja y sobre todo mi amigo. Tengo que decir que mi abuelo, que fue camionero muchos años y otros tantos un magnifico profesor de autoescuela, me enseñó a tratar y sentir a los coches de un modo que durante toda mi vida he añorado, me ha servido, me ha ayudado y le he agradecido. Él me enseñó a conducir siendo un niño y tras la música en mi vida esa ha sido mi mayor vocación. Si no le hubiera dedicado a mi oficio mi vida entera además de dedicarme a alguna carrera literaria me hubiera dedicado a otro tipo de carrera. Me hubiera encantado pilotar en rallyes y seguro que hubiera hecho lo posible hasta llegar a conseguirlo.

Gracias a las enseñanzas de mi abuelo yo a nuestro coche no le hecho gasolina, ni le pongo agua o aceite, yo lo alimento y le doy energía y le doy de beber y lo engraso bien para que no se queje y se encuentre siempre contento y nos lleve a todos sitios como es debido. Mi abuelo me enseñó además que conducir un vehículo es como llevar un arma, que puede hacer el mismo daño y que hay que ser responsable y prudente al máximo cuando se está al volante. Antes que éste tuve unos cuantos vehículos a los que también quise y guardo un recuerdo bien entrañable de todos ellos. Y éste, ahí sigue conmigo, siendo mi compañero desde hace tantos años. En este coche he compuesto o he acabado de componer la mayor parte de las canciones que he hecho en estos 22 años. Con él he estado parado una buena parte de mi vida en cualquier lugar que uno se pueda imaginar, por supuesto en los montes a los que suelo ir cerca de la ciudad, o en cualquier esquina de la ciudad misma, pensando, escribiendo, escuchando, tocando mientras observo la calle y las gentes desde el interior de mi burbuja.

En los Talleres Clavijo donde siempre lo llevo a arreglar, su simpático y eficiente dueño Joseba y su amable encargado Jaime saben que cuando entro por la puerta con mi rostro desencajado es que tienen que arreglármelo enseguida, no para irme de viaje o que me lleve a ningún lado, sino porque estoy trabajando en una canción, o estoy con mis grabaciones. Y ya es el acabose si estoy en tiempo de mezclas de un disco y debido a algún problema mecánico se tiene que detener mi escucha, que hago en unos cuantos lugares donde tengo costumbre: En un aparcamiento de mi barrio, debajo de uno de los puentes en el Ebro, en este monte de la foto, que por cierto es el que sale en el vídeo de la canción “Eres” de mi disco en solitario. En fin, si el coche tiene un problema se detiene mi escucha, y eso no puede ser. Y ellos lo entienden como nadie. Joseba y Jaime son conscientes de que me están arreglando no un coche, sino mi hogar, mi estudio, mi lugar de trabajo para que la música pueda continuar. Cuánto tengo que agradecerles por estar siempre disponibles al punto, por su profesionalidad y su amabilidad y su buen hacer y qué pena me da pensar en el día que mi coche tenga que dejar de galopar y me digan que ya no se puede hacer nada y tenga que abandonar a este amigo y compañero al que tanto quiero.

Joseba ha llegado a decirme que le va a buscar un lugar donde lo pueda tener guardado cuando esto ocurra y pueda así yo acudir a visitarlo cuando quiera y - con una batería acoplada - pueda seguir yendo a tocar y componer y escuchar mis canciones. Cuántas veces hablo a mi coche, acaricio su chapa y le doy gracias por habernos llevado a mi familia y a mí con bien a tantos sitios, cuántos momentos inolvidables. En este coche ha crecido nuestro hijo. Han sido tantos los lugares recorridos. Y a mí me ha conducido a tantos espacios insondables por donde he navegado a sus mandos. Para mí es un ser, tiene vida. Y me ha acompañado en un sin fin de aventuras y sigue haciéndolo y un nuevo disco estoy forjando en él. Nuestro coche ha aparecido nombrado en muchas de mis canciones de un modo directo e indirecto y además le he procurado retratar a lo largo de estos años en multitud de imágenes, para que quede guardada para siempre su presencia: Por ejemplo aparezco conduciéndolo en el documental que contiene el CD-DVD de Distrito 14 “Concierto en Veruela” y sobre todo él fue protagonista en el vídeo clip de la canción “Frío” que hice también con Distrito 14 para el disco “El Sueño de la Tortuga”. Sin duda le reservé una de mis mejores canciones.

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