JUAN RAMÓN, MI QUERIDO AMIGO Y COMPAÑERO



Le conocí en 1984. Un día - no recuerdo bien cómo, ni dónde - coincidimos y me dijo que quería formar parte de Distrito 14. Yo me quedé estupefacto. Juan Ramón Usán era alguien a quien admiraba muchísimo, había formado parte como bajista de los grupos que habían sido mi referencia en Zaragoza, “Mickey Mouse” primero y “Curroplastic” después. Era uno de aquellos que habían sido mi modelo a seguir. Yo desde chaval había querido ser como ellos, los hermanos Peralta, Jose María Conget y él mismo. Y de repente estaba ahí diciéndome aquello, no lo podía creer. Distrito 14 acabábamos de regresar de Alemania de grabar nuestro primer disco, eran unos momentos confusos en mi vida, por un lado inmerso en un auténtico frenesí de reconocimiento enorme en Zaragoza y también fuera; por otro lado había algo en mí que estaba cambiando, que se había transformado en los 40 días que habían transcurrido en Alemania durante aquella grabación. El disco grabado era magnífico, pero al poco tiempo sentí que me limitaba, que lo que acabábamos de grabar era una sobrada, era buenísimo, lo habíamos conseguido, pero en cuestión de semanas ya formaba parte de mi pasado y no de mi presente, un presente que iba a toda velocidad.


Lo que siguió a continuación es conocido, aquél disco de Alemania no salió a la venta, sería largo de explicar, pero en esencia: La composición de canciones a mi regreso siguió una evolución que se alejaba de aquello que acabábamos de grabar, y entretanto veíamos las opciones sobre cómo sacar a la luz aquél disco, algo que ya no me ilusionaba por no estar dispuesto a defenderlo ya más en directo, el grupo se rompió por divergencias musicales. Yo sentí claro como el agua que debía profundizar en mi voz, que la voz que había grabado era irrepetible, era todo lo que yo había deseado, pero lo deseado hacía unos meses, porque en ese momento inmediatamente posterior sentí que el que cantaba en el disco no era yo en el presente, que era un yo que estaba muriendo y que debía quedar atrás y que lo que contaba en las canciones era algo con lo que ya no me podía identificar.


Y en ese intervalo apareció Juan, y él fue la puerta de entrada hacia otro universo, hacia otra vida, hacia nuevos y grandes amigos como él. Unos meses después decidí acudir a recibir clases de canto con la finalidad de encontrar mi propia voz, esa que se escondía debajo de la rabia acumulada durante mi adolescencia y primera juventud y que había conseguido plasmar tan fielmente y con todos sus matices en ese enorme lienzo que había sido el disco de Alemania. Y a la par de esto tres de los componentes de Distrito 14, Iñaki, Tito y yo, decidimos montar un nuevo grupo junto con Juan, donde poder explorar esos nuevos caminos musicales, inmensos, insondables, que se abrían ante nosotros. Y esto dio un giro a mi composición de canciones que era lo que de verdad necesitaba, salir del ahogo, de la oscuridad, de la violencia contenida y escupida en acordes y melodías, del encasillamiento al que temía más que nada, ya que yo jamás me adscribí a ningún clan, de ningún tipo, yo no era nada, ni pop, ni rock, ni jazzero, nada, y así he sido siempre, hasta hoy, simplemente amo la música, toda.


El nombre del nuevo grupo fue creado por Juan, “Pécora Jarris”, un juego de palabras con el nombre de la cantante Debora Harris, que era una expresión que él empleaba bromeando habitualmente y que a mí me encantó. Aún recuerdo el domingo por la mañana, tras una noche en vela, cuando le dije que ese tenía que ser el nombre de nuestro nuevo proyecto conjunto. Juan además de un magnífico músico fue innumerables cosas más, entre ellas un verdadero creador de expresiones con un humor mordaz y divertidísimo, como no he conocido a nadie en mi vida. Muchas de sus expresiones las guardo para mí desde entonces y durante todos estos años que han transcurrido al encontrarnos se las he recordado, tratando de hacerle intuir de este modo la gran huella que su amistad dejó en mí. Tengo tantos recuerdos maravillosos junto a Juan, innumerables, fueron unos años aquellos que compartimos diariamente en ensayos, actuaciones y vida que me dieron mucho, muchísimo, que me ayudaron a construir un modo de ser que siempre anhelé, siempre en pos de mejorar, no solo como músico, sino también como persona, y en eso sigo y seguiré siempre.


Hace una semana que mi querido Juan Ramón Usán ha muerto. Solo importaba la música, por encima de todo, ni siquiera hicimos una foto de grupo – que yo sepa o recuerde - en aquellos dos años que tocamos juntos. Y eso que grabamos dos canciones en un disco compartido con otros tres grupos de la ciudad que yo mismo produje. No he podido encontrar una foto juntos de Pécora Jarris ni de aquellos días, querido Juan, que desastre fuimos siempre excepto para la música, hoy que tantos grupos y artistas de lo primero que se preocupan antes de tener ni siquiera una sola canción, es de tener una buena foto. No, nosotros no éramos así, así que solo he podido encontrar estas fotos, no muy bien enfocadas, que alguien – no recuerdo quien – me regaló tras la que fue nuestra primera actuación, la presentación de Pécora Jarris que tuvo lugar en el verano de 1985 en el Rincón de Goya en Zaragoza. Aquí podéis ver en grande a nuestro querido Juan rodeado de los que aquél día formamos Pécora Jarris: Tito, Iñaki y yo provenientes de Distrito 14, Yolanda González de San Pedro que había entrado al grupo como teclista, Santiago del Campo que era el saxo y dos invitados que nos acompañaron aquella primera noche inolvidable, Sabeto Conget en la percusión, siempre con su inolvidable sonrisa, fallecido ya hace muchos años y Nines que nos acompañó haciendo coros.


Poco tiempo después me robaron esa magnífica guitarra que tantos años de trabajo en una orquesta siendo chaval me había costado conseguir y que me había pintado con fondo rosa mi amigo Paco Simón, autor también de la escenografía de aquél concierto. No fueron años fáciles ¿Verdad Juan? El colorido de aquél escenario se vería oscurecido por un sinfín de visitas al cementerio que ya desde entonces, tan jóvenes, tuvimos que hacer siempre para despedir a tantos amigos. Nuestra generación también vivió una pandemia en aquellos años, que sin embargo permaneció silenciada e incluso perseguidas sus víctimas, con hipocresía.


Son innumerables los recuerdos, podría estar horas y horas escribiendo. Gracias por todo Juan, nunca te olvidaré, nunca. Nunca olvidaré cuántas horas estuvimos escuchando música, viviéndola con una intensidad como a ti y a mí y a muchos amigos de entonces nos gustaba sentir y aún nos gusta, sí, a los que quedamos siempre nos gustará vivir con esa intensidad con la que siempre hemos vivido, porque sabemos bien cuánto vale cada día de esta vida.


Un par de años después de esta actuación pude recuperar mi guitarra, pintada de negro, esa fue la señal para mí de que debía retomar mi historia con Distrito 14 y a partir de ahí nos distanciamos algo hasta estos últimos años en que por suerte hemos podido coincidir algunas veces. La vida me llevó desde aquél final de “Pécora Jarris” en 1987 por caminos inimaginables, muchos de ellos difíciles y complicados, incluso tuve que acabar vendiendo aquella guitarra y mi amplificador para subsistir. Pero por suerte la música siempre me guió y me llevó a recorrer un sueño en el que aún sigo viviendo, el sueño en el que siempre creímos querido amigo, que no es ni la gloria, ni la fama, ni viajar en Cadillac, es mucho mejor que eso, es el sueño y la fortuna de tener la música como permanente compañera en nuestras vidas.


Siento mucho, muchísimo tu marcha antes de tiempo, querido Juan, ha pasado una semana y no lo he asimilado, tal vez nunca lo haga. No quiero perder la posibilidad de encontrarte cualquier día y que me alegres el alma – como siempre - con esa mirada y ese humor único que siempre has tenido. Prefiero vivir sin dejar de sentir que así puede ser. Cuánto dolor para tu mujer Marga y tus hijos no tenerte, no puedo ni pensarlo. Hasta que un día les vea, cuando algo de tiempo haya pasado, solo puedo enviarles por el momento un enorme abrazo a través de mis palabras.


Hasta siempre querido amigo.


Mariano Casanova

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