ERIC CLAPTON


Noveno día. Hay momentos que quedan grabados a fuego en la memoria. Especialmente los grandes acontecimientos en la vida de uno y las primeras veces de cada cosa, que quedan impresas para siempre en la mente y en el corazón como un sello indeleble. Pero en mi caso, hay momentos que quedan igual de grabados o más y sin embargo no tienen nada que ver con hechos o emociones intensas, ni primeras veces ni nada relevante. Yo no sé si a todo el mundo le pasa lo mismo, no sé si es así. A veces son instantes en un rincón anodino, un momento en el cruzar de una calle, nada destacable, pero justo esa luz, ese instante queda grabado tan fuerte como si fuera un gran momento de la vida; como unos pasos al cruzar la Plaza de España en un día lluvioso, justo antes de abrir el paraguas; o unas hojas de un seto en la calle Fernando el Católico brillando en el atardecer y vistas por mí desde el interior del cristal de un autobús al pasar un instante por allí; o unas hojas caídas en otoño de un árbol en concreto, en una acera en concreto; o unas briznas de hierba al mediodía junto al borde de una autopista mientras escribo en mi cuaderno en la puerta de un Motel en New York. Y esto queda ahí para siempre y de repente un día aparece lo mismo que aparecen los recuerdos asociados a un olor de la niñez.

Pues bien justo ahora, nada más poner la primera canción de este disco “461 Ocean Boulevard” de Eric Clapton, mi espíritu y mi memoria acaba de volar hasta un lugar de estos: Se trata de un rincón anónimo, la esquina de la calle Royo del Rabal con Felisa Galé en mi barrio. Es una tarde soleada de la primavera de 1979. Ahí estoy junto a Eduardo Adrian y Chema Elgarrista, amigos y compañeros en el instituto en aquél año en que hacíamos primero de BUP. Ahí estamos conversando sobre discos y yo les estoy contando cuanto me está impresionando este disco de Clapton que estoy escuchando en esos días.

Cada vez que he escuchado este disco desde entonces, aunque sea de soslayo, de fondo, un instante, aparece en mi mente este recuerdo magnífico de uno de esos momentos en los que aparentemente no ha ocurrido nada y sin embargo se mantienen nítidos y vivos para siempre. Algo que tiene mucho que ver con el espíritu que este disco me transmite. Un disco que entre mis discos importantes siempre ha ocupado un lugar más discreto, semi oculto en el fondo, pero sin embargo imperturbable como uno de los grandes discos de mi vida.

En aquellos años había varias canciones que todos tocábamos obligatoriamente en el local: “Smoke and the Water” de los Purple, bueno, ésta seguro que sigue siendo obligatoria para cada chaval que coja una guitarra también hoy y así seguirá siendo siempre. Y luego estaban “Satisfaction” y “Jumpin Jack Flash” de los Rolling. Y la que nunca podía era faltar “Cocaine” interpretada por Clapton, aunque luego más tarde nos enteráramos de que estaba compuesta por J.J.Cale. Tocabas ese riff maravilloso y todo el mundo cantaba estrofa tras estrofa inventándose la letra en inglés, que no importaba lo más mínimo, porque lo único verdaderamente importante y que de verdad interesaba en aquellos años en que por fin se estaba pasando en este país del blanco y negro al color era ese final de frase que todos remarcábamos alto y fuerte ¡Cocaine! Así conocimos casi todos a Clapton. Y además en mi caso sentía fascinación por la canción “Laila” que era cabecera del mejor programa musical de entonces y que a mi parecer ha existido en toda la historia de la televisión española, Popgrama.

En ese orden de cosas había llegado a casa una revista del círculo de lectores del que mi madre se había hecho socia con el anuncio de este disco “461 Ocean Boulevard” donde se contaba que era el regreso de Clapton tras una larga temporada de desintoxicación, que desde luego no me sonaba nada extraño después de las miles de veces que había cantado su glorioso final de frase. Inmediatamente sentí la extrema necesidad de tener ese disco en mi poder y le pedí a mi madre que me lo comprara, a ella que siempre ha sido y es una gran amante de la música. Unas semanas después estaba yo embebido escuchando el disco en casa y así estuve durante muchísimo tiempo. Fue un flechazo instantáneo. Esas maravillosas canciones, ese sonido cálido y esa voz arrastrada y a veces casi hablada me atrapó por completo. Es un disco que tengo desde entonces asociado al sol, como el de la tarde de mi recuerdo junto a mis dos compañeros de instituto.

Recuerdo que “461Ocean Boulevard” fue una de las principales referencias sonoras que usamos para llevar a cabo las mezclas de nuestro disco de Distrito 14 “La Calle del Sol” muchos años después, en 1995. Recuerdo también que en 1997, durante nuestra primera vez en Los Ángeles, me empeñé en buscar el 461 de la calle Ocean Boulevard a ver si encontrábamos esa casa de la portada que no se por qué yo creía que tenía que ver con el estudio donde se grabó. Entonces no había móviles y apenas internet donde buscar la información y fue así de repente un momento de inspiración arrebatador el que me lanzó junto a mis compañeros en busca de esta dirección en la calle con ese nombre que está en la zona de Santa Mónica, frente al Pacífico. Estuvimos buscando durante un buen rato y al final no dimos con el lugar. En mi mente se habían mezclado el mítico estudio Ocean Way de Los Ángeles con el título y la foto de este disco que en realidad fue grabado en la costa pero justo la del otro lado, en Miami. Por supuesto no renuncio a ir a buscar esta dirección cuando en alguna ocasión vaya para allí. Ya estuve actuando en solitario en esa ciudad de la costa este hace unos años y también en otra ocasión cuando estuve presentando la película “Historia de un Grupo de Rock” muy cerca de allí, en Key West. Pero no hubo tiempo en ninguna de estas dos ocasiones de ir a buscar esta casa de la portada que en realidad estaba situada en esa dirección de una localidad cercana a Miami. Es donde Eric Clapton estuvo alojado durante la grabación de este disco. Espero que esta hermosa casa con palmeras siga en pie. Ir a visitarla es una asignatura que todavía tengo pendiente. Así que esta historia aún no ha acabado.

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