REGRESAR A SAN SEBASTIÁN

Hace 40 años que formé mi primer grupo de rock. Recuerdo como si fuera hoy aquel día de finales de verano del 76 en que tomé la firme decisión y rápidamente me puse a buscar compañeros de viaje. Y junto al fulgor de ese recuerdo de aquellos primeros días cuando contaba tan solo doce años de edad recién cumplidos, vienen hoy a mí otros muchos recuerdos, incluso anteriores: Como el sueño y el deseo que siempre existió en mí de saltar, de ir cada vez más lejos, yo solo, con mi propio esfuerzo, como un lobo solitario, derribando barreras, conquistando nuevas tierras hasta hacerlas mías, hasta habitarlas, sentirlas y dominarlas. Esa fue desde siempre mi misión secreta, armado al principio tan solo de ilusión pura y más tarde también con letras y música que siempre sentí que debía llevar conmigo muy lejos, cuanto más lejos mejor.

Primero salté la tapia de mi calle, la calle de Los Caracoles, después el río Ebro para ir al colegio, poco a poco llegaron otros lugares de Zaragoza, tras eso los pueblos tocando en los veranos de la adolescencia y más adelante llegó la primera ciudad lejana, enigmática y desconocida. Y ésta fue San Sebastián.

Allí en San Sebastián un montón de zaragozanos enamorados de la música echamos nuestros primeros dientes como espectadores de aquellos inolvidables y enormes conciertos en el velódromo de Anoeta, a donde llegábamos exultantes tras un largo viaje en autobús fletado por Discos Linacero, la histórica tienda zaragozana. Entonces asistir a aquellas “celebraciones” que jamás sucedían en Zaragoza era nuestro máximo objetivo: Acercarnos a los artistas que llenaban nuestro corazón y que nos descubrían que la vida era mucho más que el gris; que también existían otros colores y que lo invisible era precisamente lo más importante y apasionante que sentir.

Ese fue el principio, más magia no cabe. Y desde entonces tantos son los hechos que me han unido a San Sebastián, de tal manera está imbricada mi vida en sus calles y en tantos buenos amigos que allí -o de allí- tengo, que no podría entender mi vida sin esa ciudad que no puedo evitar sentir un poquito mía. Cuántos buenos recuerdos: Cómo imaginar entonces, a mis 16 o 17 años cuando comencé a viajar hasta allí a ver a aquellos grandes artistas a los que tanto admiraba, que años después y en ese mismo lugar iba yo a abrir con mi grupo Distrito 14 el concierto de uno de aquellos que más influyeron en mi vida arropándome con su voz en largas noches de soledad, en una habitación al final de una ciudad dormida. Cómo me iba a imaginar yo que ese enorme artista iba a acercarse un día hasta nuestro camerino a estrechar mi mano para felicitarme por nuestra actuación. Cómo iba a imaginar yo que el último recuerdo que iba a quedar en mí de David Bowie iba a ser ese; que ya no iba a poder disfrutar nunca más de su presencia, que ya no le iba a ver más sobre un escenario; que aquella había sido su última actuación en España.

Son tantísimos recuerdos tan emocionantes los que me unen a esa ciudad. Y sobre todo un puñado de amigos que siento de verdad en mi corazón. Amigos que además han sido parte fundamental en toda mi humilde pero larga trayectoria artística. Todos ellos han sido fundamentales en mi carrera de fondo: Jorge Dávila, el primero, amigo del alma y compañero de rutas desde el principio, Iñigo Argomániz mi mánager en un tiempo, mi amigo siempre, él fue quien me puso a tocar con David Bowie y de quien he seguido siempre tan buenos consejos, sin olvidarme recordar a la gente adorable de su oficina como Gonzalo Martínez. Pero es que además hay donostiarras de pro que han sido claves en mi vida desde otros muchos lugares, como José María Riba a quien siento como familia y que llevó la peli “Historia de un grupo de rock” a París al festival Different que allí dirige. Él me ha hecho tocar en París en dos ocasiones, la última como Première de mi disco en solitario. Y precisamente gracias a él en París conocí a otro gran amigo donostiarra, Ramón Arroyo, guitarrista de Los Secretos que desde entonces me ha acompañado en la guitarra en diferentes ocasiones y que ha grabado conmigo en mi disco en solitario. Y cómo olvidar a Angel Altolaguirre productor de nuestro primer single como Distrito 14 y a su hermano Iñaki Altolaguirre, técnico de sonido que nos hizo sonar como los ángeles; cómo olvidar aquellas actuaciones inolvidables junto a Sting en su última gira española donde Iñaki nos hizo el sonido.

En fin, y cómo olvidar los estudios Tsunami y a Josean López Salanova, aquello fue el principio; cómo olvidar nuestro paso con la película por el Festival de Cine de San Sebastián gracias a la fe que puso en ella José Luis Rebordinos. Cómo olvidar las luminosas noches de aquél Festival junto a Bajo Ulloa, a Enrique Mavilla y a Susana mi mujer. Quién me iba a decir a mí que iba a pisar tantas alfombras rojas. Pero si una me hizo ilusión fue esa, la de San Sebastián. Cómo olvidar tantos paseos nocturnos por la Concha, por Ondarreta, con amigos de hace ya tantos años, con mis compañeros de grupo, con mi mujer. Cómo olvidar el baño con nuestro hijo aún tan pequeño en esa playa que es más que eso, que es un mito, que es un paraíso; cómo olvidar tantos paseos en soledad también allí muchas noches, depositando mis sueños en cada ir y venir de las olas.

Esa ciudad fue el primer salto de un chaval lleno de ilusión que pasado mañana, unos cuantos años después, va a estar allí de nuevo tocando, esta vez gracias a la confianza de Joxean Fernández, director de la Filmoteca Vasca quien ya nos llevó hace unos años a Bajo Ulloa y mí a presentar nuestra peli al Festival de Nantes. Este jueves antes del concierto que allí daré estaré junto a Juanma Bajo Ulloa presentando nuestra peli “Historia de un Grupo de Rock”, de nuevo juntos ante el público contando cómo fue, cómo ocurrió todo, una vez más, como hace unos años hicimos tantas veces por medio mundo. Será un placer reunirme de nuevo con “el genio” y amigo y de nuevo con él frente al público desgranar cómo fue aquella gran aventura que fue nuestra peli y la gran aventura que siempre fue nuestra vida.

Creo que es fácil adivinar dónde conocí a Juanma Bajo Ulloa, sí, en San Sebastián. Pero lo más increíble de todo es que fue en el backstage de Anoeta, justo unos minutos antes de que David Bowie se acercara a felicitarnos a nuestro camerino. Justo en ese día que -como bien se puede entender- siempre estará guardado en un lugar especial de mi corazón.

Comienza bien mi 40 Aniversario. Voy a ver qué toco este jueves, aún no lo sé. Quiero que sea una sorpresa incluso para mí, a pesar del riesgo que suponga no acordarme bien de canciones que puede que haga tantos años que no interpreto. Pero y eso ¿Qué? Ya han pasado 40 años de la primera vez. Y si me caigo San Sebastián es el mejor lugar, allí seguro que va a haber quien recoja mis pedazos, como siempre."

Mariano Casanova

(Aquí abajo os dejo el link a un video clip de una canción que grabé hace unos años en San Sebastián, se llama “Frío”, quizá os suene. https://www.youtube.com/watch?v=yCXPP2xCnuk

(Arriba, en blanco y negro, una foto mía de 1989 con mi amigo Jorge en los estudios Tsunami de San Sebastián)

¡Hasta el jueves quienes acudáis hasta allí! ¡Hasta la próxima a todos!

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